El crecimiento considerable de China durante las últimas décadas la ha llevado a considerarse como una superpotencia global. Pero su milagro económico también ha atraído la atención por razones ajenas a las que occidente, incapaz de aceptar su derrota histórica frente al gigante asiático, exponen continuamente en la mediática internacional, siendo occidente en sus etapas iniciales de industrialización los mayores contaminantes del planeta. Ahora, China es señalada como el país más contaminante, ya que actualmente es el mayor consumidor e importador de energía de fuentes orgánicas como el carbón y petróleo y principal emisor de CO₂. Sin embargo, esta realidad ha venido cambiando progresivamente en la situación energética del país.

Es verdad que China consume alrededor de una cuarta parte de la energía total del mundo y más del 50% de la producción mundial de carbón. Esta situación es absolutamente comprensible, ya que el rápido crecimiento económico e industrial condujo a un aumento sin precedentes de la demanda energética, por lo que se hace imprescindible una fuente de energía barata y abundante. Según datos oficiales, el consumo de electricidad en China aumentó de solo 232 kilovatios hora (KWh) en 1978 a casi 6.000 teravatios hora (TWh) en la actualidad, es decir, seis mil billones de kilovatios hora, y para cubrir  la demanda, China necesita irremediablemente carbón.

El porcentaje de demanda eléctrica proveniente del carbón alcanzó un máximo en la década de los ochenta de un 75%. Sin embargo, en 2016 cayó al 62%, el nivel más bajo desde el instauración de la República Popular en 1949. Esto ha sido el resultado de las políticas que Beijing tomó en últimos años para frenar la creación de nuevas plantas de producción eléctrica que consuman carbón, y así reducir los niveles de contaminación y afrontar  el cambio climático.

Entre las medidas tomadas para desacelerar la demanda eléctrica fue el Programa de Ahorro de Energía de las principales 1.000 Empresas establecidas en el país. Este programa fue puesto en marcha en 2006 y se dirigió a las empresas consumidoras de energía más grandes del país en sectores como el acero, la petroquímica, el cemento y los textiles. El programa dio los resultados esperados y favoreció a los esfuerzos de China por reducir su consumo de energía.

El gobierno también ha tomado medidas para desacelerar el crecimiento económico del país, a fin de que la demanda energética crezca a un ritmo racional a medida que se sustituyen las fuentes de energía actuales por fuentes de energía renovables. Esto hace que se haya establecido una tasa anual de crecimiento del PIB más baja en el 6,5% en el Décimo Tercer Plan Quinquenal (2016-2020), frente al 9% de las tres décadas anteriores.

Guerra a la contaminación

Con la desaceleración del crecimiento económico y los mayores contaminantes forzados a utilizar menos energía, la reducción en la generación de energía a través del carbón fue una la primera opción a tomar en cuenta. Y desde mediados de la década de 2000, el problema de la contaminación se estaba volviendo demasiado grave para ignorarlo y el gobierno chino emprendió la «guerra contra la contaminación». En recientes años se han generado altísimos niveles de smog, adema de las acciones más fuertes de las autoridades centrales para revertir esa situación.

En septiembre de 2016, China canceló más de 103 plantas de energía de carbón en construcción,  planificadas para producir un total de 120 gigavatios hora (GWh). En marzo de 2017, el primer ministro Li Keqiang anunció que se cerrarían o pospondrían 50GWh adicionales. La energía proveniente del carbón que ha sido paralizada en China hasta ahora es equivalente a la capacidad de energía de carbón combinada del Reino Unido y España.

China comprometida a reducir sus emisiones

Aunque la capacidad de carbón de China aún puede aumentar ligeramente en los próximos años debido a la creciente demanda de energía, cualquier crecimiento se verá solapado por la inversión planificada en energías renovables.

China es ahora el mayor inversor en energía verde con el 17% de la inversión mundial en el sector. Según Greenpeace, el gigante instaló un promedio de más de una turbina eólica cada hora de todos los días en 2015. También cubre el equivalente a una cancha de fútbol con paneles solares cada hora. Para 2030, se espera que con estas nuevas fuentes de energía colabore con reducir las emisiones de CO₂ de China en un 54% respecto a los niveles de 2010.

La política energética china es más compleja y sensible a presiones internas y externas de lo que se cree. La reacción china a estas presiones hace pensar que el país logrará alcanzar sus metas de producción de energía limpia, que permita cubrir la demanda local, antes de lo previsto.

Fuentes consultadas:

Por: Fidel Cornieles