Consecuencias del COVID-19 en el sector turístico mundial y retos futuros.

Hablar de turismo es, en esencia, hablar de interacción, de la creación conjunta de experiencias entre personas, es hablar de viajes y de relaciones con grupos de distintos orígenes, es encontrarnos con otros, probar su comida, vivir su cultura, conocer su patrimonio y ante todo compartir sus historias a través de un contacto franco, cálido, directo y humano. Todas estas acciones son hoy restringidas en distinta proporción a causa de la aparición del virus COVID-19 y su propagación mundial, que llevó a las autoridades de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a declarar la situación de pandemia el pasado 11 de marzo, cuando ya se registraba la presencia del virus en 114 países alrededor del mundo.

Pero hablar de turismo es también hablar de un sector con una alta expansión económica y con una condición única de resiliencia, prueba de ello es que, a pesar de las graves crisis que el sistema capitalista mundial ha presenciado en los últimos 25 años, el turismo internacional solo ha experimentado declives en los años 2003 a causa de la aparición del SRAS y la guerra en Irak y en 2009 como consecuencia de la crisis económica y financiera, registrando para el año 2019, más de 1.460 millones de llegadas de turistas internacionales en todo el mundo, lo que ubica al sector con un aporte superior al 10% del PIB mundial y una tasa de empleo cercana al 20% global, donde actualmente las pequeñas y medianas empresas conforman la mayor parte de su composición lo que ha hecho del turismo una oportunidad de crecimiento y desarrollo en países con economías emergentes.

Ahora bien, las repercusiones del COVID-19 en el sector turístico mundial son por ahora impredecibles aunque de muy graves pronósticos, la Organización Mundial de Turismo (OMT) publicó el pasado 5 de marzo el primer y único reporte a la fecha acerca de la evaluación de la incidencia de la pandemia en el turismo internacional aclarando que es muy pronto para calcular una incidencia real, pero estimando una primera cifra de pérdidas aproximada por el orden de los 50.000 billones de dólares a causa de la reducción de llegadas de turistas internacionales a nivel global para el año 2020.

En este sentido, la OMT ha instalado un comité mundial de crisis para el turismo, desde donde ha llamado al ejercicio de un diálogo y cooperación internacional para poner al turismo en el centro de las actividades de recuperación económica, invitación que llega en medio de un escenario donde importantes gobiernos como los de la Unión Europea, Estados Unidos y Brasil, no solo se muestran incoherentes frente a las recomendaciones promovidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), sino que tampoco se observan coordinados en un esfuerzo global de acción conjunta contra el COVID-19; en consecuencia, grandes empresas de transporte aéreo, terrestre y marítimo dejan vacantes a diario a miles de trabajadores altamente experimentados en todo el mundo.

La superación del COVID-19 traerá consigo importantes retos de escala global, quizás el más importante de ellos será la reorganización necesaria de una nueva relación productiva ampliada: Medio Ambiente – Estado/Nación – Trabajo y Capital, orientada en este mismo orden de importancia y que conduzca a un nivel de confianza y seguridad global necesario para emprender todos juntos, sin distingo de nacionalidad, religión u orientación política, la tarea de recuperación social, económica y ecológica que demanda nuestra civilización.

Otro elemento de importante atención es la percepción de condiciones que necesita la población para reanudar sus actividades de esparcimiento y recreación de manera normal, una vez superada la pandemia, donde el papel de los medios de comunicación es clave. La manipulación de la información a escala global aunada a la falta de ética presente en algunas transnacionales de la información podrían hacer más complejo el alcanzar esta condición, por lo que urge una acción coordinada que garantice una información veraz y contribuya a la construcción de una percepción colectiva acorde con la realidad global sin ningún tipo de complejo y con el nivel de responsabilidad que la situación demanda.

Creer en el turismo como sector capaz de contribuir en la recuperación económica mundial implica el convencimiento de los gobiernos en su influencia transversal a todos los sectores de la sociedad, pero ante todo implica, en medio de una economía altamente globalizada y neoliberal, creer en el potencial de su propia cultura, en su tierra y en su gente, mirar hacia adentro y renovar el sentido de identidad como el valor más alto que nos hace únicos e irremplazables a cada pueblo en el mundo.

El planeta espera, en la superación del COVID-19, un reencuentro global más armonioso, donde exista una recomposición acerca de las relaciones humanas y de éstas con su entorno natural y, es allí, donde a través del turismo y su mejorada y más humanizada práctica del servicio pueda estructurarse una recuperación económica, pero ante todo, un nuevo tejido de relacionamiento social que nos lleve a trabajar en función de una economía más humana y más justa.

Por: José Gregorio Martínez Dávalos.

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